sábado, 11 de julio de 2009

El Debut de la Piba

El Debut de la Piba - Sainete de Roberto Lino Cayol




La historia muestra a un puñado de vagos, atorrantes y bohemios que buscan salir de la "mala", con la única artista que pudieron conseguir: una muchacha que colabora como puede, pero no se atreve a negarse. Cuando parecen tener todo preparado para viajar a España y llevar el número musical, todo cambia. Personajes bien porteños, con diálogos en lunfardo, muestran desde 1916 una historia quizás vigente. Atrapante y divertida la obra de Cayol, describe parte de nuestra cultura.




El Debut de la Piba

Sainete en un acto.
Roberto Cayol (1887-1927) 
Música de Arturo de Bassi. / 1913 

Sainete en un acto

Fuente: El teatro nacional Año II N° 73, Buenos Aires, 10 de septiembre de 1919.

Estrenada en el Teatro Nuevo, de Buenos Aires, el 22 de abril de 1916, por la compañía nacional Muiño-Alippi. (Las canciones que canta Catalina en este sainete se encuentran con la partitura en el archivo musical de la Sociedad Argentina de Autores, Carlos Pellegrini 169.) 

PERSONAJES: 
Catalina 
Aurora 
Venancio 
Carmona 
El Viudo 
Cigorraga 

Acto único. Cuadro único 

Un cotorrito blanco como la nieve. Al fondo una ventana abierta a un patio con mucho sol; en la ventana, una jaula dorada, con un canario; puertas a derecha e izquierda, con cortinas de tartán de colores vivos. En escena: mesa de comedor de pino; aparador, sillas, etc. Son las once de la mañana. 

Escena 1: Venancio, Carmona, Viudo, Cigorraga, Catalina. 

[CIGORRAGA tiene una guitarra, CATALINA, con un traje de fantasía celeste y blanco, con muchas lentejuelas, de pésimo gusto, está lloriqueando. VIUDO observa la escena con gran sorpresa.] 

VENANCIO: ¿Pero ves, Cigorraga? ¡Si es pa matarla! [Amenaza a CATALINA.] Mirá, no te rompo la cara porque estoy sin empleo... [Lo contienen VIUDO y CARMONA.] 

VIUDO: ¡No le pegués, pobrecita; dejala! 

CARMONA: [Aparte.] ¡Ni pa tonadillera!... 

CATALINA: ¡Qué quieren! Yo no siento estas cosas. A mí diganmé cómo se hace el pastel de hojaldre, y eso sí... 

VENANCIO: ¿Y cómo la gorgeás cuando estás en la batea? ¿O cuando querés que cante el pajarito? 

CIGORRAGA: [Dejando la guitarra con impaciencia.] No puede ser que nos quedemos así; con todo pronto... ¡Es necesario que aprienda! 

CARMONA: [Sacando un papel.] ¡A ver, que repita! Fijese en la letra, señora; y haga así con la busarda; y entorne las persianas con malicia; y agite los brasoletes. ¡Que se manye de endevera, que tiene la contentesa! 

VENANCIO: ¿Pa qué? Si tiene un cráneo de cemento Portlan. [Tomándola de un brazo.] ¡Piantáte el traje, piantáte el traje! y fugá de mi vista porque voy a cometer un asesinato que va a salir de folletín en los periódicos. [CATALINA sale por izquierda.] 

Escena 2: Venancio, Viudo, Carmona, Cigorraca. 

VENANCIO: [Cruzándose de brazos.] ¿Qué me dicen ustedes? ¡Y pa esto he caloteáu un traje en el Marconi, y me he compadreáu cincuenta centavos de lentejuelas! 

CARMONA: ¿Y el desgaste de mi cerebro pa fabricarle el repertorio? ¡Cinco noches nomás pa encontrar el consonante de ranoide: celuloide! 

CIGORRAGA: [Que está con la cara apoyada en las manos.] ¡Pucha que son desigentes! Al fin y al cabo no se trataba de llevar a la Terrasini ni a la principesa de Carambay Chimbay. 

CARMONA: Es que no hay pasta; que si hubiera pasta... [A VENANCIO.] Total, ¿cuál es la gracia de su mujer? 

VENANCIO: Catalina Pérez... 

CARMONA: ¿Ha manyáu en su vida alguna de esas alegres tonadilleras que están rebosando caranfanfún? 

VENANCIO: Dice que la entristecen. La llevé a oír cantar a la Imperio y se echó a llorar. 

CIGORRAGA: ¿Y entonces qué es lo que sabe tu mujer? 

VENANCIO: ¡Hace unos ravioles morrocotudos! ¡Y es que ha mamáu el oficio! Cocinera la madre, cocinera la abuela, hasta el tatarabuelo, creo que fue el inventor del locro! 

VIUDO: Bueno, bueno, dejemos el árbol filosófico, y que yo me entere; he venido aquí, he oído bramar a la señora y no entiendo ni medio. ¿Qué tramaban ustedes? 

CIGORRAGA: ¡Era nuestra fortuna! 

CARMONA: ¡Nos íbamos a esgunfiar de ganar monedas! 

VIUDO: Bueno, ¿y qué? 

VENANCIO: Explicále, che, Carmona. 

CARMONA: Vos sabés que nosotros hemos sacrificáu la juventud, tranqueando como unas bestias hasta encontrar la compañera que nos permitiese vivir con cierto desahogo. 

VIUDO: Te interpreto... 

CARMONA: Yo, mal que mal, soy poeta, y entre mis elucubraciones pa La Pampa Argentina y mis décimas en los comités, algo ligo; éste [Por CIGORRAGA.] rasquetea la viola, y algo saca, bordoneando tangos en esos bailongos que suelen terminar con el dueño del boliche claváu en la paré de un faconaso, como una inocente mariposa de colores; en realidad, la verdadera víctima es este pobre amigo [Por VENANCIO.] , que ha tenido que tirar como un frisón del fiacre de la vida... 

VENANCIO: [Suspirando.] ¡Gracias, hermanos! 

CARMONA: Pues bien; una de esas tardes en que ya no queda cerradura por saltar ni marroca por llevar al pío, estábamos cavilando cómo haríamos para fugarle el máuser al bombero de la caja de conversión, cuando de pronto, interroga el compañero Cigorraga, que es el más testafrola del sindicato: si este firulete vale una punta de canarios [Figura de garrotín.] , ¿cuántas pesetas vale este otro? [Figura de tango.] Si por aquí nos engrupen con eso de "mi novio es organillero", ¿por qué no batirles allá "tengo un cafisio a la guarda"? No había finiquitáu el batimento cuando Venancio se acomoda un castañazo en la cúpula y grita: ¡ah! 

VIUDO: ¿Se había pegáu fuerte? 

CARMONA: ¡Pior! Había tenido una idea. 

VIUDO: ¿Y por qué gritaba? 

CARMONA: Por eso: era la primera que se le ocurría en su vida. 

VENANCIO: ¡Avisá, avisá!... 

CARMONA: "¿Y si nos fuésemos a España con mi percanta?", dice. 

VIUDO: [Riendo.] ¡Eh! salí di hay... 

CARMONA: "¿A qué?", preguntamos. "A pagarles la visita: ella canta, vos hacés las canciones, yo cobro y éste toca"... 

VIUDO: [sonriendo.] Yo toco, también; porque si no los que van a cobrar son ustedes. [Lo atajan.] 

CARMONA: Pero paráte, Viudo. 

CIGORRAGA: Vení, no seas filiberto. 

CARMONA: ¡Avisá! ¿Por qué te vas? 

VIUDO: ¡Salgan de ahí! Y pa contarme ese grupo han hecho vestir a la pobre muchacha que parece una quermés. 

CIGORRAGA: ¿Qué sabés de la vida? Si te has pasáu conchaváu como un otario... 

VIUDO: ¡Va cantar en Madrí, va cantar! ¿Pero ustedes se creen que la villa del oso y del morrongo en la Salamanca Preventina... 

VENANCIO: ¿Y qué? ¿Qué han sido los grandes genios? ¿ Caruso no vendía ricota en Catansaro? Tremblié, el que mató a Farbós, ¿no tenía un tío colchonero? 

VIUDO: Bueno, y si es tan lindo el negocio, ¿por qué no se van? 

CIGORRAGA: ¡Eso es lo que yo pregunto! 

VENANCIO: ¿Pero no has visto que no da pie con bola? 

CIGORRAGA: [Aparte.] Gallina. 

CARMONA: [Suspirando.] La cuestión que yo me quedo de upa, con quince canciones típicas y una conferencia en verso que me ha lleváu quince días. 

CIGORRAGA: ¿Y el papelón que hago con el almacenero que le estaba haciendo un laburo internacional para cacharle los pasajes? 

VENANCIO: ¡Todo al bombo! ¡Pucha, qué bronca negra! [Breve pausa.] 

CIGORRAGA: [A VENANCIO, golpeando en la mesa.] ¡Repito que sos un farabuti! Una mujer bonita es siempre una mujer bonita, no te hagás el aturdido porque me entendés; tu mujer es una mina sin explotar... 

VENANCIO: ¿Le has oído la vos? ¿Cres que con semejante metal hay mina posible? 

CIGORRAGA: ¿Y di hay? ¡Que baile! 

VENANCIO: No, si es lo que van a decir en cuanto la oigan: ¡que baile! 

CIGORRAGA: Pues que se adelante a los acontecimientos. 

CARMONA: ¡Otras cantan pior, qué embromar! 

VENANCIO: [Dudando.] También es una razón... 

CIGORRAGA: [A VENANCIO.] ¿Y dudás? ¡Repito que tu mujer es una mina! 

VENANCIO: Ya sé... 

CIGORRAGA: Y que tu mujer va a España con nosotros... ahora, que no se si volverá de España con nosotros... 

VENANCIO: Pero, ¿y si nos matan? 

CARMONA: "¿Y qué es la vida? Una ilusión..." 

CIGORRAGA: [Incorporándose.] Hay que decidirse; aquí no hay nada que hacer. ¡Propongo un último ensayo, con trajes y todo! [A CARMONA, retirando mesa y silla.] Vos, ayudáme a preparar el escenario... 

VENANCIO: Si lleva como cuarenta y no da fuego... 

CIGORRAGA: ¡Aunque sean cien! ¡Es nuestro pucherete, es nuestro porvenir! 

VENANCIO: ¡Sí; tenés razónl ¡El dinero es muy bonito! [Medio mutis izquierda.] 

CIGORRAGA: [Aparte.] A eso se tira... 

Escena 3: Dichos, Catalina 
[Dentro.] 
VENANCIO: [Desde izquierda.] ¡Catalina! ¡Catalina! 

CATALINA: Estoy espumando el puchero... 

VENANCIO: ¡A ensayo! 

CATALINA: Que estoy espumando el puchero... 

VENANCIO: ¡A ensayo, he dicho! ¡Aquí no hay más espuma que las espumas del mar! 

VIUDO: [Aparte.] ¡Pucha cómo son? 

Escena 4: Dichos y Catalina. 
[CATALINA con un delantal lleno de tiznes sobre el traje de fantasía.] 
VENANCIO: [Fuera de sí.] ¿Qué has hecho, desgraciada? ¿Cocinar con el traje de fantasía? 

CATALINA: ¡Y qué voy a hacer si me tienen como maleta de loco; si no me dan tiempo ni pa pelar una papa! 

CIGORRAGA: [A VENANCIO.] No le pegués, todavía... [A CATALINA.] ¡Señora, no se amilane!; vamos a funcionar, por última vez, como si ya estuviésemos en la villa del ocio... ¡Va endeveras! 

VENANCIO: A ver si me hacés otro papelón. 

CIGORRAGA: ¡En este momento pisamos el escenario del Rial de Madrid! [Como si se asomara por el telón.] El tiatro está "au gran cuplet". Se asomamos por el aujerito del sipario y embrocamos en un palco "avente cien" al rey don Alfonso XIII y la infanta Isabel. [Catalina empieza a temblar.] 

VENANCIO: ¡No lo digas que se abatata! 

VIUDO: [A CATALINA.] Son grupo, son... 

VENANCIO: Va a comenzar el espectáculo; tenés dos minutos pa plantarte el delantal y echarte aceite en el cráneo... [Catalina cohibida en todo el número se retira unos pasos, se saca el delantal y se arregla el peinado.] 

CIGORRAGA: [A CARMONA, tomando la guitarra.] Apropincuáte los cartelones. [Trae unas cartelones anunciadores que colgará VENANCIO cuando lo indique la música.] 

VENANCIO: [A CARMONA.] ¿Tenés la conferencia? 

CARMONA: Sí; la he hecho retocar por un diputado radical. [Saca un papel del bolsillo.] 

CIGORRAGA: Bueno; cuatro compases criollos por la orquesta del Rial, y arriba el telón. 

VIUDO: ¡No me hagan de reír que tengo un pariente enfermo! 
Música 
[La orquesta preludia un número de música criolla; CARMONA se compone el pecho, y visiblemente emocionado, se adelanta hasta las candilejas, deja el chambergo sobre la concha del apuntador y comienza su recitado.] 
CARMONA: Y yo me adelanto y digo: 
señoras y señoritas, 
archiduques y gaviones, 
princesas y garabitas, 
toreros y chulapones; 
ésta que los mares crusa 
pa engrupir con sus cantares 
es Cata la rantifusa, 
la percanta más papusa 
del otro lau de los mares. 
Hija de errante gitana 
y de turco alfiletero, 
soñó desde edá temprana, 
un clavel pa su ventana; 
pa el clavel; un milonguero. 
Y es que España y l'Argentina 
no al ñudo son hija y madre 
y es tan chulapa la mina 
y tan barbián el compadre; 
si pa cada objeto hispano 
otro criollo se destapa, 
si hasta el poncho del paisano 
es hijo de vuestra capa; 
si hay domador pa el torero 
y paica pa la tirana, 
boliche pa el merendero, 
facón pa la sevillana; 
y pa las jotas hay tangos 
y pa las coplas estilos; 
y pa las juergas fandangos 
y pa las broncas estrilos; 
si en pleno barrio orillero 
donde la lora es gitana, 
por morena y por ladina, 
¡hasta pa el puente de Triana 
se tenemo el puente Alsina! 
Pues si ya es cosa sabida 
que somos viejos parientes 
que el ventarrón de la vida 
sembró en sitios diferentes; 
aquí devuelve el pampero 
esta florcita a su rama 
como el dolor traicionero 
devuelve el taita fulero 
al cotorro de su mama. 
Y a ver si le hacen lugar 
bien cerquita de la vieja 
que viene a trairle un cantar 
y se lo quiere dejar 
en el umbral de la oreja... 


CIGORRAGA: [Le da la mano.] ¡Bien; hermano! Apuntáte una lenteja. 

VENANCIO: [Observando a un palco avant-scène.] Manyá el rey cómo la goza. 

CIGORRAGA: Ahora viene el número dos. 

VENANCIO: ¡"Esibición" del producto! 
Música 
[Al compás de la orquesta, CATALINA hace un paseo, tan falto de arrogancia, que CIGORRAGA, VENANCIO y CARMONA hacen gestos de desagrado. VIUDO no puede contener la risa, aunque trata de evitarla.] 
CIGORRAGA: ¡Parece mentira! 

VENANCIO: ¡Qué tranco! Esta se cré que el Rial de Madrí es un remate' feria... 

CATALINA: [Temerosa, a VENANCIO, terminado el número.] ¿Qué tal el paseo? 

VENANCIO: Sos un Rambullé con premio. ¡Piantáte del tatersal! [CATALINA sale por izquierda para aparecer en seguida con un traje adecuado a la canción. Saldrá a medio prenderse.] 

CIGORRAGA: [A CATALINA.] ¡Rápido el cambio! 

VENANCIO: ¿Qué viene ahora? 

CIGORRAGA: "Porque me se da la gana", tonadilla típica rantifusa. [VENANCIO toma un cartel que colocará en sitio visible, y aparece CATALINA, a medio prenderse, con un traje de percal muy sencillo, y el cabello sobre los ojos.] 
Música 

CATALINA: [Canta.] 

VENANCIO: ¡Vaya un modo de cantar! 

CIGORRAGA: ¿Y ésta es la estrella? 

VENANCIO: ¡Esto es una pandorga indecente!... 

CATALINA: Yo no lo puedo hacer mejor... Yo pongo toda mi voluntá... 

VENANCIO: [Zamarreándola.] Es que la vas a poner aunque no quieras. Ahora vamos a pasar "La mazamorrera", y como no la cantés como se debe, te podés ir despidiendo de las narices... [VENANCIO coloca el cartel.] 
Música 
CATALINA.[Canta.] Hablado 

VENANCIO: [Furioso.] ¡Basta, basta! 

VIUDO: No la tratés así... 

VENANCIO: ¡Qué dirá Cigorraga! 

CIGORRAGA: Yo que vía decir, hermano... 

CATALINA: [Rebelándose y quitándose algún adorno.] ¡Ultimamente, que diga lo que quiera! ¡Ya me harté! 

VENANCIO, CIGORRAGA, CARMONA: ¿Cómo?... 

CIGORRAGA: ¿Se rebela? 

CATALINA: ¡Sí! ¡Basta de farsa! [A VENANCIO.] ¿Qué te proponés de mí? ¿Cres que soy una máquina de ganar dinero? ¡Yo no voy a España ni a ninguna parte! 

VENANCIO: ¿Ehh? 

CATALINA: ¡Sí, a ninguna parte! 

CIGORRAGA: [Sorprendidísimo, a VENANCIO.] ¿Que no va a España? ¿Pero, no la oyes? ¿ Y te dejás gritar como un lirili? 

VIUDO: [A CIGORRAGA.] Calláte, no seas ranfañoso... 

CATALINA: [Con odio.] Esto no es vivir... ¡No puedo aguantarte más! 

VENANCIO: Mirá, rajá de mi vista porque no quiero perderme y te estoy viendo flotar en los lagos de Palermo... 

CATALINA: ¡No, pegáme! Que vean tus amigos que sos valiente; si ya una vez me metiste ese anillo en un ojo y anduve tres meses con tus iniciales... ¡Si sos muy guapo! 

CIGORRAGA: [A VENANCIO.] ¿Y te dejás gritar? ¿Y no le acomodás un sosegáte? 

VENANCIO: [A CATALINA.] ¿Te callarás de una vez?... [ A tiempo que se lo dice le tira una biaba, pero VIUDO le contiene el brazo.] 

VIUDO: ¡Quieto, bárbaro! 

CIGORRAGA: [Con rabia a VIUDO.] ¿Por qué te metés en lo que no te importa? 

VIUDO: [Violento.] ¡Porque me se da la gana! 

VENANCIO: [A CATALINA, ciego de ira mientras lo tienen CARMONA y VIUDO.] ¡Fuera de aquí! ¡Arreglá tus pilchas y que no te vea más la cara! 

CATALINA: [Con dolorosa sorpresa.] ¿ Cómo? ¿Que deje esta casa? ¿Que me vaya de aquí después que te he sacrificado todo? 

VENANCIO: ¡Sí, fuera! ¡Pero pronto; ahora mismo! 

CIGORRAGA: [Aparte.] ¡Eso es un hombre! [VENANCIO se sienta y queda con la vista fija en el suelo. CATALINA rompe a llorar y sale a pasos lentos por izquierda. VIUDO la ve salir, con dolorosa expresión. CARMONA y CIGORRAGA comentan aparte.] 

CARMONA: No era para tanto... 

CIGORRAGA: ¡Cómo no! Patearle el negocio de esta manera; y encima con desacato. Pero la turné se hace; ¡con ésta o con otra! [Lo toma de un brazo.] Vamos a trabajarlo al almacenero; de paso pillaremos un suisé. [Medio mutis.] 

CARMONA: Vamos... 

CIGORRAGA: [A VIUDO.] ¿Venís?... 

VIUDO: No... 

CIGORRAGA: [A VENANCIO.] Te esperamo en l'esquina... ¡y te felicito! [Le aprieta la mano y sale con CARMONA.] 

Escena 5: Viudo y Venancio. 
[Hay un silencio durante el cual se oyen muy apagados los llantos de CATALINA.] 
VIUDO: [Acercándose cautelosamente a VENANCIO que continúa sentado con la barba apoyada en las manos.] ¿Qué has hecho? 

VENANCIO: [Se encoge de hombros.] ¡Qué sé yo! ¡Le calientan a uno la cabeza, y claro! Y como uno no es de madera... 

VIUDO: Y por ese atorrante que les está llenando de sueños la cabeza pa sacarle plata al gallego de la esquina y piantar con la moneda... 

VENANCIO: [Con odio.] ¡No; eso no!, porque si fuera verdá..., si fuera verdá... [Queda meditando; se vuelven a oír los llantos de CATALINA, y dice con cierta angustia.] ¡Cha digo! Cerrá esa puerta... [VIUDO cierra la puerta de la izquierda y vuelve.] ¿Qué hace? 

VIUDO: Arreglando sus trapitos... [Pausa.] ¿Y vas a dejar que se vaya? 

VENANCIO: [Sin mirar.] ¡Bah!... Los hombres... no pueden volverse atrás. 

VIUDO: [Conmovido.] La mía era también así: piedra en bruto, no valía nada pa nada... ¡Pero no sé! No es lo que canten ni lo que bailen: es algo que son muchas cosas, y que llenan el cotorro, y que te hacen pensar en ella pa cualquier lao que mirés... La mía, ahora que sé que no ha de volver más, era el pañuelito plancháu de todas las mañanas, el mate amargo después del trabajo, el brasero de las noches de frío, el saco sin una hilacha, los pastelitos de los domingos; pa mí era algo más lindo que una canción: era mi vida entera... 

VENANCIO: [En voz baja.] Calláte... 

VIUDO: [Mordiendo el sollozo.] Y parece que lo sabía; ¡si estaba en todo! Murió surciendo el traje que llevo puesto... 

VENANCIO: [Con angustia.] ¿Te querés callar?... [Hay un breve silencio.] 

Escena 6: Dichos. Aurora 
[Que entra cantando alegremente una copla popular.] 
AURORA: [Cortando el canto, sorprendida al ver las caras.] Buenos días... 

VIUDO: [Aparte.] La inquilina de la sala... 

VENANCIO: Buenos... 

AURORA: ¿Está Catalina? 

VENANCIO: [Muy grave, señalando a izquierda.] Ahí... 

AURORA: [Aparte, haciendo un mohín gracioso.] ¡Hum! ¡Aquí ha habido una bronca negra, me la huelo! [Mutis izquierda.] 

VENANCIO: [Suspirando e incorporándose resuelto.] Vamos pa el almacén. 

VIUDO: ¿Y la dejás así? 

VENANCIO: Vamos pa el almacén... [Más bajo.] Los hombres no deben volverse atrás... [Salen. Al trasponer la puerta, VENANCIO que va detrás, duda un segundo y mira a izquierda. Breve pausa.] 

Escena 7: Aurora y Catalina. 
[CATALINA enjugándose el llanto.] 
AURORA: ¡Si tengo unas narices! 

CATALINA: ¡Qué desgraciada soy!... 

AURORA: [Con fastidio.] Ya está: la frasecita de siempre... Pero, ¿y de lo otro qué? ¿Usted no quiere ir, verdá? 

CATALINA: ¡Claro que no! 

AURORA: [Con rabia.] ¡Si lo sabía! Mire, mujer, no le doy una trompada en la nuca porque no tengo confianza... 

CATALINA: Es la primera vez que me echa... Nunca se le había ocurrido eso de que yo era divete; conque le hiciera ravioles los domingos lo tenía contento... ahora pide escalas... 

AURORA: ¡Ah, ladrón! ¡Pero es que ustedes, las chinas, como ellos dicen, son el descrédito del sexo débil; las ponen un ojo negro y salen de paseo pa lucirlo; y es que viven del rigor, y es que son como las estampillas que si no se las pega no van a ninguna parte! 

CATALINA: ¿Y qué va a hacer una? 

AURORA: ¿Qué, qué va a hacer? Me da una bronca cuando entro aquí y veo a ese atorrante echao en la cama que parece que va a sacar pollos... ¡había de ser el mío! Las otras mañanas me quiso tirar con la mesa de luz porque no le llevaba mate a la cama. ¿Y sabe? ¡Le di bencina! Y a la noche, como me siguiera con trompa, lo obligué a que me llevara al cinematógrafo, y nos tragamos una película romana: que... creo... no sé cuántos, en que habla un rey que guardaba los liones en el sótano... y de yapa, una de amor, con un beso tan largo, que tuvieron que dar un minuto de espera pa preparar la segunda parte... Y en mi casa es así siempre: se hace lo que a mí me da la gana. ¡Pero yo lo puedo hacer, porque soy mujer, y soy rubia: como la reina de Holanda, y como la de España, y como los fideos en cintita!... 

CATALINA: [Con doloroso encono.] Sí; es muy fácil arreglar las cosas desde lejos... Pero la plantan a una en mitad de la calle y le echan toda esta amargura encima, ¿y qué va a hacer? ¿Se va a un cinematógrafo, verdá? 

AURORA: ¡Se va a la luna, pero se va! A una mujer de la que no se puede decir ni esto no se le echa dos veces. [Imitando voz de hombre.] ¡Que te mandés mudar! [Se encoge de hombros.] Y bueno; me voy... [Imita voz de hombre.] ¿Adónde vas?... adonde se me antoja... [Voz de hombre, persuasiva.] Te podés quedar, te perdono... [Con una risa muy comadre.] ¡Ja, ja, ja! Este jajajá es de un efecto estupendo; una mujer hace jajajá, en un trance así, al hombre más fuerte y tiembla como una hoja. Ya ve qué sencillo es faltarles el respeto a estos sinvergüenzas... 

CATALINA: [Muy cándida.] ¿Así que jajajá?... 

AURORA: Sí, señora; el hombre es un bichito vanidoso que se le mata con una sonrisa... 

CATALINA: ¿Y si no me sale? 

AURORA: Haga gárgaras, pa ensayar... 

CATALINA: ¿Y adónde voy? 

AURORA: A mi pieza: y ahora mismo. 

CATALINA: ¿Y si él no viniese a buscarme?... 

AURORA: Vendrá. 

CATALINA: ¿Y si no viniese?... 

AURORA: ¡Lo que sobra son sinvergüenzas! Pone un aviso en La Argentina y le llueven así. [Con las manos.] 

CATALINA: ¿Y si me entran ganas de llorar?... 

AURORA: Canta, ¡pero muy fuerte!, pa que se entere que no se preocupa de él... Yo aprendí a cantar de una vez que me echó mi marido... 

CATALINA: Yo no sé si podré... 

AURORA: ¡Déjese de pavadas! Arregle sus cosas y la espero en mi pieza. 

CATALINA: ¿Y no será una incomodidá?... Su marido... 

AURORA: ¡No dirá ni mus! Mi marido no levanta la voz nada más que cuando le pego fuerte. [Medio mutis.] Conque, hasta ahora, que la espero. [Sale por derecha; CATALINA por izquierda.] 

Escena 8: Venancio y Catalina. 

VENANCIO: [Después de breve pausa, asoma por la ventana sigilosamente, y aparece luego por derecha: mira a todos lados y al ir a asomarse por la puerta de la izquierda, se enfrenta con Catalina que sale con un atadito. Sorpresa de los dos. Para disimular su preocupación, tose y finge energía.] ¿Todavía estás aquí? 

CATALINA: [Con cierta burla.] ¿No estabas en el almacén? 

VENANCIO: No, no creas que he venido porque vengo... es que me he olvidáu la cartera. [Con cómica energía.] ¿Pero todavía estás aquí?... 

CATALINA: No, no te molestes; si ya me voy... y no me verás más... 

VENANCIO: ¿Te... te vas? 

CATALINA: [Indecisa.] Sí, me... me voy. [Breve pausa.] 

VENANCIO: [Con una sonrisa que le queda pegada.] Que te vaya bien. [Se sienta, quiere silbar y sopla.] 

CATALINA: Ahí te he apartáu el puchero; de lástima, de lástima de la carne que se iba a recocer... [Medio mutis. Se vuelve impaciente al ver que no le contesta.] Y a ver quién se entiende con los aujeros de las medias, que parecen un jeroglífico de queso gruyere... 

VENANCIO: [Con risa forzada.] Ya... Ja, ja, ja... 

CATALINA: [Quiere reír.] Ja... [Aparte.] ¡No me sale! [Alto.] No sé quién te va a despertar ahora... 

VENANCIO: Me van a regalar un despertador con banda e música. 

CATALINA: Te van a encontrar seco como las momias, y con unos pelos así de largos [Abre los brazos.] como "Robinsón Crusón". 

VENANCIO: Mañana istalo teléfono directo con el Plaza Hotel pa que me traigan la vianda. 

CATALINA: Sí, y que te traigan otra imbécil que te aguante lo que yo te he aguantáu... 

VENANCIO: Esta noche a las diez viene a buscarme una dama de copete, en un coche de remisio... 

CATALINA: Sí, una dama vestida de vigilante. Porque ya sé yo que el coche es el del Departamento; y que te llevan por ladrón. 

VENANCIO: [Echando bocanadas de humo.] Y si me falla esa dama, tengo veinte más. Voy a telegrafiar a Uropa pa que me manden viudas; y me haré un "arenque"; ¡y me llamarán Sultán! 

CATALINA: [Con odio.] ¡Sí, Sultán! Ya sabía yo que con todas las perrerías que me has hecho acabarías con nombre de perro. ¡Sultán!... 

VENANCIO: [Incorporándose.] Catalina, no me chumbés, porque te voy a dar un mordiscón en la cabeza que van a tener que llevarte al Pasteur pa que te inyecten. 

CATALINA: No, no ladrés más; si ya me voy. ¡Sultán! [Suelta una risa forzada y sale.] 

VENANCIO: [Medio mutis.] Cata... [Quiere llamarla pero lo vence el amor propio.] ¡Ja, ja, qué me importa! [Hace como que no le preocupa que se vaya, pero se adivina el efecto moral. Después de una vacilación quiere tomar mate, prepara éste, pero al prender el calentador se quema un dedo y arroja el mate con rabia.] ¡Cha digo, qué porquería! ¡Ya me quemé los dedos! [Queda pensativo.] 

Escena 9: Dicho, Carmona, Cigorraga y Viudo 
[Los primeros vienen con cara de pocos amigos y se sientan sin decir palabra; el Viudo les mira burlescamente.] 
CIGORRAGA: Ya decía yo que ese almacenero tenía cara de rinoceronte. 

CARMONA: ¡Estamos frescos con el temperamento del individuo! 

VENANCIO: [Extrañado.] ¿Qué hay?... 

CARMONA: Que según el criterio de ese retrógadro, el dijunto Víctor Hugo era un pollito al spiedo. ¡ Pas de armonía, pas de ideales y pas de civilización y progreso! 

CIGORRAGA: ¡Qué ranfañoso! 

CARMONA: [Imita un gallego.] "El instinto animal de las personas es hacer versos cuando no tienen nada que hacer"... Ese "sanagola" cre que es lo mismo hacer un soneto que hacer un solitario... Que le diga al dependiente que me busque el consonante de ranoide. 

CIGORRAGA: [Imita un gallego.] "Rascar una viola es rascarse ¡cualquier otra parte del endeviduo cuando sobra tiempo para hacerlo; los perros se espulgan porque muchos de ellos no saben música." ¡Bárbaro! Vaya y dígale a la hermana que me saque la guitarra. La lágrima de Sagreras... 

VENANCIO: ¿No quiere formar?... 

CIGORRAGA: ¡Qué! ¡Cuando le dije de emprestarnos pa los pasajes, casi me manda un tercio de yerba por la cabeza! 

VIUDO: ¡Ja, ja, ja! 

CIGORRAGA: Igual que le pasó a Colón: que estamos locos; que nos hagamos ver del doctor Cabrero. 

CARMONA: "Tenemo una piedra en bruto! -añadí yo pa decidirlo- y él agregó que sí, que no lo dudaba, que sería ella la piedra, pero que los brutos éramos nosotros. 

VIUDO: ¡Ja, ja, ja! 

CIGORRAGA: [A VIUDO, metiéndole los dedos por los ojos.] ¿Qué reís, desgraciáu? ¿ Qué sabés de la vida? 

VIUDO: Casi nada, que cuesta ganarla, que me la sé ganar... 

CIGORRAGA: ¡Piantá, esclavo! Levantarse con el lucero pa sacar sesenta pesos. ¡Bonita suerte¡ 

VIUDO: Pior es acostarse con el lucero pa no sacar ni medio... 

CIGORRAGA: [Empuñando la guitarra.] Yo tengo un arte, ¡y soy bohemio! 

VIUDO: Yo tengo vergüenza, ¡y trabajo! 

CARMONA: ¡Me da gana de cortarme la coleta y meterme de chofer, pa que se embromen! 

VENANCIO: [Pega en la mesa, con desaliento.] Tanto soñar, tanto querer ser lo que no seremos nunca, ¿y pa qué?... ¡Mañana no me levanto! 

CIGORRAGA: ¡Avisá! ¿Vos también? ¡Trásfuga! 

CARMONA: [Suspirando.] ¡Otra vez a la Pampa! 

VIUDO: ¿Pa la cosecha?... 

CARMONA: ...A La Pampa Argentina , periódico semanal. [Pesa el silencio en la habitación; los tipos están como agobiados por un profundo desaliento.] 

CIGORRAGA: [De pronto, a VENANCIO.] ¿ Che, tenés la baraja? 

VENANCIO: No... [Nuevo silencio. Los cuatro sentados.] 

CIGORRAGA: [En voz baja.] ¡Pucha, qué bronca! 
[Un reloj de pared rompe el silencio anunciando las doce.] 
VENANCIO: [Muy triste, aparte.] ¡Ya las doce! ¡Y el pucherete apartáu! y la mesa sin tender. Hoy no se comerá en esta casa!... [Nuevo silencio.] 

Escena 10: Dichos. Aurora y Catalina. 
[Dentro.] 
CATALINA: Tengo un canario hamburgués 
que cuando canta da el sí, 
y mire usted cómo es, 
que ya sabe decir yes 
y ya sabe decir ouí. 


VENANCIO: [A VIUDO, con alegre sorpresa, incorporándose.] ¡Ella! La canción con que hacía cantar al pajarito... [Acompañado de VIUDO se acerca a derecha para escuchar mejor.] 

CATALINA: Dicen que llora cuando gorjea, 
también cantando yo sé llorar. 


VENANCIO: [A VIUDO.] Así decía, y el pajarito de sólo oírla rompía a cantar. 
[En todas las caras, menos en la de CIGORRAGA, que hace gestos de desagrado, se refleja cierta satisfacción. VENANCIO mira alternativamente a derecha y a la jaula; el canario, como desperezándose, pía dos o tres veces.] 
CATALINA: Prisionero, prisionero, 
que lloras por libertá, 
ay, qué triste es estar libre 
y llorar de soledá. 


VENANCIO y VIUDO: [A media voz.] Prisionero, prisionero 
que lloras por libertá, 
ay, qué triste es estar libre 
y llorar de soledá. 


CATALINA: Quién me diera tus prisiones. 

VENANCIO: Hechas con hilos de sol. 

CATALINA: Y olvidar mirando al cielo. 

VENANCIO: Y olvidar mirando al cielo. 

CATALINA: Hasta el nombre del traidor. 
[El canario rompe a cantar ruidosamente.] 
CARMONA: [A CIGORRAGA, entusiasta.] ¡Manyá qué momento pa un verso! 

CIGORRAGA: ¡Calláte! No seas infeliz... 

CATALINA,AURORA [Y el canario.]: Tengo un canario hamburgués 
que cuando canta da el sí, 
y mire usted cómo es. 


VIUDO, VENANCIO: Que ya sabe decir yes, 
que ya sabe decir ouí. 

[Terminada la canción y mientras el pajarito canta a más y mejor, VENANCIO, en un impulso, corre hasta la puerta de la derecha.] 
VENANCIO: ¡Catalina! ¡Catalina! 

CIGORRAGA: ¡Flojo! ¿Y la llamás? 

VENANCIO: [Se vuelve, agresivo.] ¡Sí, la llamo! ¡Y a ver quién es el más fuerte que me lo impide! 

CIGORRAGA: [Tomando la guitarra, muy cabrero.] ¡Yo no! Pero es que me da estrilo, porque son una punta de carneros... [Tomando del brazo a CARMONA.] Vamos, Carmona. 

CARMONA: [Sin querer ir.] Mirá... esperáme en l'esquina, mejor. 

CIGORRAGA: ¿Vos también? ¡Juna perra, si yo hablara! 

CARMONA: ¿Y qué tenés que decir? ¿Que has venido a engrupirnos pa schacarle ventolina al almacenero y después dejarnos de upa? ¡Hablá! 

CIGORRAGA: ¡Es mejor que me calle! [Sale refunfuñando, por la derecha.] 

VIUDO: [A CARMONA.] ¿Te das cuenta, ahora?... 

Escena final: Dichos. Catalina 

VENANCIO: [Algo desalentado al ver que ella no responde.] Y no viene... 

CARMONA: ¡Volverá!... Las golondrinas vuelven. 

VIUDO: [Aparte, y muy triste.] Mi golondrina no volvió más... 

VENANCIO: [Llamando en voz baja.] Catalina [Hay una breve pausa y entra CATALINA sin atreverse a levantar la vista.] 

CATALINA: ¿Me llamabas?... 

VENANCIO: ¡Sí! 

CATALINA: ¿Que querés?... [VENANCIO, emocionado, no sabe qué decir; el VIUDO le anima a hablar.] 

VIUDO: ¡Decíselo! 

VENANCIO: [Sin saber qué decir.] Que... si te has de ir te llevés también el pajarito, pa que no cante, que... [Resuelto.] ¡Que pongás la mesa! 

CATALINA: [Llena de alegría.] ¿De veras? 

VENANCIO: ¡Sí! [Se abrazan y ríen; VIUDO suelta una carcajada; CARMONA toma un lápiz y un papel y parece dispuesto a hacer un verso.] Y de hoy en adelante aquí no habrá más tonadillero que el canario, ¡y que se fastidie el rey! que si mi suerte es ésta, ¡bendita sea mi suerte! 

CATALINA: [A VENANCIO mientras dispone la mesa.] He inventao un nuevo relleno para los ravioles que se van a chupar los dedos! 

CARMONA: ¡Ya está! Garabita Isoñadora, 
la que pegada al fogón 
apaga con su canción 
la música esgunfiadora 
de un churrasco rezongón. 
Como chispas de brasero 
son breves las ilusiones, 
tu canzoneta el puchero, 
tus reyes estos gorriones. 

[Se oye dentro una disputa, cachetadas, palos y la voz de AURORA; todos se detienen sorprendidos. 
AURORA: [Dentro.] ¡Socorro! ¡Socorro! 

VENANCIO: [Al ruido.] ¿Y eso? 

CARMONA: [Mirando.] Es el rey de bastos que le está metiendo una marimba de garrotazos a la vecina. 

AURORA: [Entra con un ojo amoratado, y llorando. Le dice a CATALINA.] Mire cómo me ha puesto el ojo... y todo por usted... Ha estado esperando que se fuera para dármela... 

CATALINA. ¡Bah! ¿Y se preocupa por eso? 

AURORA: ¿Y qué quiere que haga? 

CATALINA: ¡Ja, ja, ja! En estos casos... ¡Ja, ja,ja! [Todos se ríen.] 
Telón

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